La tercera pata del banco de la Felicidad

Después de varios días rogándole a Molinera que prosiguiera con su teoría sobre cómo alcanzar la tan ansiada Felicidad humana, he podido conseguir, por fin,  que hablara. -La tercera pata –ha comenzado diciendo con  cierta unción y hasta parsimonia-  del taburete que sostendría la Plenitud a la que aspiráis ustedes los humanos, no puede ser … More La tercera pata del banco de la Felicidad

Café con leche

Me sobraba media hora para coger el tren y no me apetecía quedarme mirando, como si de un jubilado más se tratara, las obras descomunales de remodelación que están llevando acabo en la estación de Granada. Justifican estos arquitectos de nuevo cuño el desastre estético que están provocando, con aquello de “querer aportar, con la … More Café con leche

“Este banco está ocupado por un padre y por un hijo…..”

Las capachas de tus serones, Molinera, con ser tan grandes, tienen las tragaderas más pequeñas que el aguante de los clientes frente a la política económica gubernamental y, subsidiariamente, frente a la de sus pupilos, los bancos…. Y digo esto porque, esta mañana,  mientras tú te quedabas tan a gusto en tu huertecillo, oteando  los … More “Este banco está ocupado por un padre y por un hijo…..”

Vía muerta

A ti te lo tienen prohibido, Molinera, pero yo, en cuanto puedo (que desde que me jubilé, bien a mi pesar, son pocas las ocasiones disponibles), me alargo hasta la estación del tren para, de noche y cuando nadie transita por él, recorrer caminando el largo andén donde, tras la parada preceptiva, se apean y … More Vía muerta

A hierro y fuego

En cierta ocasión, Molinera, sorprendí a un jovencito escribiendo en la puerta de uno de los servicios del colegio, subrepticiamente y con rotulador rojo, algo que, a pesar suyo, dejó inconcluso. Yo, por aquel entonces, era el director del colegio donde daba clases, por eso, y  ya en mi despacho,  con toda la solemnidad que … More A hierro y fuego

Epílogo de Panzurra

El retorno. Y aquí acaba nuestro viaje… Bueno, en realidad falta la vuelta y, la verdad sea dicha, ni Molinera ni yo mismo, (yo por demasiado viejo y ella por demasiado joven) podíamos repetir el severo esfuerzo que supondría volver andando. Sí diré que bastó una llamada telefónica para que un marchante de ganado de … More Epílogo de Panzurra

Panzurra 28

El diluvio universal.  Era pasado el mediodía cuando reemprendimos nuestra visita por  la ciudad, ahora como dos turistas cualesquiera. Bueno “cualesquiera”, no. Porque en nuestro deambular por las calles más señeras, muchos eran los curiosos que se detenían a observarnos, diciéndose así mismos  en voz alta y como extrañados: “¡Una burra por la calle!” . … More Panzurra 28